abril 24, 2008
Una trampa. De esas que encierran sin barrotes ni piedras frías. Pero una trampa al fin. De donde difícilmente se escapa porque difícilmente se busca huir.
La muerte como una tragedia. Como una imagen impactante. Como una realidad siniestra. La muerte como una lejanía de recuerdos vívidos sin gramo de sentimiento. Rechazo hacia lo burdo de una vida que se antojó burda incluso en la muerte. Y un ciclo. Un cerrar algo que esta latiendo, que estuvo latente, que ya no late. Sensación de despojo de algo que no se siente como propio en ningún punto, bajo ninguna apariencia, pero está. Y algo más está, esa lista de otros que pasaron ya, sin dejo burdo ni falso sentir, que transmiten aun hoy el dolor de su ausencia, la necesidad del tiempo insuficiente. Quizá en otro lado, al otro lado, por otro lado. Quizá en ese otro lugar, la tragedia sea como la muerte.
Ganas. Infinitas ganas de ser más y saber que se es más. La posibilidad. La inmensa y abrumadora posibilidad. Responsabilidad de un camino incierto pero definido. Querer. Más que nada querer ser algo que se percibe sin concretarse. Querer sernos eso que estamos seguros de lograr sin llegar a aproximarse.
abril 21, 2008
Ocaso de la memoria
No mueras buscando palabras en tu infinito vacío de niño // No destierres tu presente de hombre ante el vicio putrefacto de las analogías irreversibles // No engendres musas imberbes a tu futuro de ancestro paradigma. // Vive sin mente. // Lucha sin tinta.// Sé por ti y para nadie obcecación.
Señales, llamados, gritos
Todo infiere en este universo que nos unió
por el placer de vernos separados
no somos los mismos, casi si, casi no
Matices para un encuentro
Poder mirarte así, con la sonrisa latiendo en todo el cuerpo
con el placer de ver sin nebulosas en los parpados
ni armaduras en la sangre.
Respirarte liviano, tibio, cotidiano
Aspirando de rincón a molécula de este hoy soleado
Exhalando el peso que voló con la segunda tormenta
Después de tu cuerpo, tu infierno, tu mente
Y tantas otras vidas, cenizas,
cambio de pieles.
Todo infiere en este universo que nos unió
por el placer de vernos separados
no somos los mismos, casi si, casi no
Matices para un encuentro
Poder mirarte así, con la sonrisa latiendo en todo el cuerpo
con el placer de ver sin nebulosas en los parpados
ni armaduras en la sangre.
Respirarte liviano, tibio, cotidiano
Aspirando de rincón a molécula de este hoy soleado
Exhalando el peso que voló con la segunda tormenta
Después de tu cuerpo, tu infierno, tu mente
Y tantas otras vidas, cenizas,
cambio de pieles.
abril 17, 2008
abril 10, 2008
let it snow
¿A veces te pasará como a mi? ¿Eso de sentirte embargado de una tristeza melancólica por lo que fuimos y al mismo tiempo por lo que somos sin ser más nosotros dos?
¿A veces te pasará como a mi, Eso de saber que ya nada nos une pero mucho nos recuerda?
Saber que las personas que ocuparon tanta parte del alma, dejan un hueco lleno de recuerdos sin polvo, que abrazamos de vez en cuando para sentirnos más unidos a nosotros mismos y entendernos en el ahora, aceptarnos en la despedida, y darnos unas palmadas en la espalda “si, ya se, duele, pero vas bien”.
¿A veces te pasará como a mi, Eso de saber que ya nada nos une pero mucho nos recuerda?
Saber que las personas que ocuparon tanta parte del alma, dejan un hueco lleno de recuerdos sin polvo, que abrazamos de vez en cuando para sentirnos más unidos a nosotros mismos y entendernos en el ahora, aceptarnos en la despedida, y darnos unas palmadas en la espalda “si, ya se, duele, pero vas bien”.
septiembre 15, 2007
Letras ser
Alguien muy lindo me dijo hace poco que alguien anunció una vez, que cuando uno escribe es tan uno que no miente. Creo que estoy de acuerdo un poco, y otro poco creo también, que cuando uno escribe miente de una manera tan maravillosa, que lo único que queda tras cada palabra, es la verdad de quien es.
Alguien muy lindo me dijo hace poco que alguien anunció una vez, que cuando uno escribe es tan uno que no miente. Creo que estoy de acuerdo un poco, y otro poco creo también, que cuando uno escribe miente de una manera tan maravillosa, que lo único que queda tras cada palabra, es la verdad de quien es.
octubre 01, 2006
DEL SER...
Resucitando cadáveres escritos al pasar en madrugadas de tristeza plena que lo colma a uno con la impotencia de la carga inhóspita de la vida que se encarga, paradójicamente quizá, de refregar sus insultos más puros, aunque de pureza poco tenga su intención, cuando la respiración ya enclenque atina apenas a suspirar y se mete para adentro, navegando en la sangre hasta encontrar una mano precisa que se anime a ponerlo en papel, si acaso con suerte esto suceda antes que el cerebro, ese diminuto músculo que cada noche late con más animo que el desanimado corazón, explote y riegue la almohada, o el asiento del subte, o el plato de cena tibio, dejado a medio probar por el gusto del disgusto del hambre sin estómago del apetito voraz...
¿verdad que si?
a veces para encontrarse uno mismo,
no hace falta más que reencontrarse con alguien más.
a veces para encontrarse uno mismo,
no hace falta más que reencontrarse con alguien más.
HOY
un punto
el más pequeño y difuso de todos
el más vació de ser, desbordado de sentir
un espacio ocupado por la nada, la nada colmada del todo,
de los todos que fueron y hubieran de ser
la nada que no explica ni concede mas que aire viciado y denso,
que ahoga, ahorca, presiona certera hasta ejercer su pesadez,
tan liviana de tacto, tan impune en su aplastar.
un punto perdido en una nada. Una nada que se forma en un punto.
Y el todo lo desborda, lo sacude, lo exprime, suprime, comprime.
¡Cuán inmenso lugar para tan ínfimo existir!
tan perdido,
tan frágil,
tan sin.
un punto a mitad de una oración sin concluir
un “y a parte” resistiéndose escribir.
un punto
el más pequeño y difuso de todos
el más vació de ser, desbordado de sentir
un espacio ocupado por la nada, la nada colmada del todo,
de los todos que fueron y hubieran de ser
la nada que no explica ni concede mas que aire viciado y denso,
que ahoga, ahorca, presiona certera hasta ejercer su pesadez,
tan liviana de tacto, tan impune en su aplastar.
un punto perdido en una nada. Una nada que se forma en un punto.
Y el todo lo desborda, lo sacude, lo exprime, suprime, comprime.
¡Cuán inmenso lugar para tan ínfimo existir!
tan perdido,
tan frágil,
tan sin.
un punto a mitad de una oración sin concluir
un “y a parte” resistiéndose escribir.
Insomnio
Del ser,
del sentir,
del saber,
del pensar,
del dormir...
Si la vida que se sueña, no es mas que ensueño de lo que se vive.
Si el despertar no es otra cosa, que seguir sonámbulo entre los espectros de los que caminan muertos, de los que respiran ecos, desaniman versos.
Si en tus manos no me arrullo, o en tus labios no revivo; si en tus ojos sólo duermo y en tu aplauso me desvivo.
Cuánto perdura la cordura del querer envejecer, del ansiar sin obtener, del soñar de parpados afuera.
Sin humedecer pupilas, sin apaciguar expiraciones, sin derretir piel contra arrugas de sabana, contra precipicios de distancia entre los dos.
Bordeando sombras y grises espesos de visiones nocturnas, de infiernos grandiosos, absurdos, pegajosos.
Cuando deje de intentarlo, cuando agote la espera y resigne la piedad; quizá en ese disminuir del mundo, en ese palpitar resuelto aunque extraviado, en la disconformidad palpable, en el merecer por callar o en la condena desierta
de un querer,
de un vivir,
de un saber.
Siendo un ser quimérico, liviano, ridículo; soñando desvelos de vidas para alcanzar un dormir de mortecinas mentiras.
Del ser,
del sentir,
del saber,
del pensar,
del dormir...
Si la vida que se sueña, no es mas que ensueño de lo que se vive.
Si el despertar no es otra cosa, que seguir sonámbulo entre los espectros de los que caminan muertos, de los que respiran ecos, desaniman versos.
Si en tus manos no me arrullo, o en tus labios no revivo; si en tus ojos sólo duermo y en tu aplauso me desvivo.
Cuánto perdura la cordura del querer envejecer, del ansiar sin obtener, del soñar de parpados afuera.
Sin humedecer pupilas, sin apaciguar expiraciones, sin derretir piel contra arrugas de sabana, contra precipicios de distancia entre los dos.
Bordeando sombras y grises espesos de visiones nocturnas, de infiernos grandiosos, absurdos, pegajosos.
Cuando deje de intentarlo, cuando agote la espera y resigne la piedad; quizá en ese disminuir del mundo, en ese palpitar resuelto aunque extraviado, en la disconformidad palpable, en el merecer por callar o en la condena desierta
de un querer,
de un vivir,
de un saber.
Siendo un ser quimérico, liviano, ridículo; soñando desvelos de vidas para alcanzar un dormir de mortecinas mentiras.
Justa reprimenda
Las cosas son mucho más fáciles. Mucho más que este despertar de angustia, o este dormir tragando humedad por lágrimas. La profundidad no está en el grado de penumbras que habite la mente, ni en la densidad de sombras que llene cada instante a vivir. Si las cosas pueden ser maravillosas no es por desatino, como la fatalidad tampoco es mérito del destino.
Lo que está roto se arregla, y los pedazos astillados se inventan. Lo que esté perdido se encuentra, y donde escasee memoria se sueña.
Que dar pasos atrás por miedo a caminar deprisa, no es instinto de humano precavido, es cobardía por temor a las caídas.
Las cosas son mucho, mucho más fáciles. Más que este pesar constante por entender la culpa de otros, o este reír a medias por la gracia divina. Lo que se quiere se corre hasta que se alcanza, y si no se llega se buscan maneras, que siempre hay de sobra como colores y penas.
Lo que se ama se cuida, no a veces ni de a ratos; siempre y como sea.
Que mentir por no lastimar es igual de hipócrita que hacer sufrir por honor a la verdad.
Y que violar la ley de uno, es ofrecer cadena perpetua al alma de todo lo que nos rodea.
Las cosas son mucho más fáciles. Mucho más que este despertar de angustia, o este dormir tragando humedad por lágrimas. La profundidad no está en el grado de penumbras que habite la mente, ni en la densidad de sombras que llene cada instante a vivir. Si las cosas pueden ser maravillosas no es por desatino, como la fatalidad tampoco es mérito del destino.
Lo que está roto se arregla, y los pedazos astillados se inventan. Lo que esté perdido se encuentra, y donde escasee memoria se sueña.
Que dar pasos atrás por miedo a caminar deprisa, no es instinto de humano precavido, es cobardía por temor a las caídas.
Las cosas son mucho, mucho más fáciles. Más que este pesar constante por entender la culpa de otros, o este reír a medias por la gracia divina. Lo que se quiere se corre hasta que se alcanza, y si no se llega se buscan maneras, que siempre hay de sobra como colores y penas.
Lo que se ama se cuida, no a veces ni de a ratos; siempre y como sea.
Que mentir por no lastimar es igual de hipócrita que hacer sufrir por honor a la verdad.
Y que violar la ley de uno, es ofrecer cadena perpetua al alma de todo lo que nos rodea.
A veces se me da por pensar que la gente perdió el talento de intentar conocerse; de mirar directamente al fondo de los ojos sin perderse en el colorido de las pupilas, ni aturdirse con el reflejo de uno mismo frente al espejado contorno.
Observándote de lejos
A veces cuando hablás, me parece soy sordo; ni en tus labios percibo movimiento, más bien son tus ojos, espejos de realidad que devuelven el reflejo de los otros, de todos nosotros.
Por qué será cosa tan natural robarle ilusiones a tu mundo, creadora nata de quimeras y dragones de papel.
Te escucharán acaso los dioses cuando rezas, predicando mordiscos de fantasía en esta cruda urbanidad.
Y es que resulta tan fácil descansar el peso en tus hombros, abrigar el alma bajo tu ala y hasta robar tus sueños para vivirlos de a ratos.
Pero cuanto pesar propio soporta un corazón, antes de desplomarse para siempre...
Desbordada un día del egoísmo humano, llegarás al único triste consentimiento: En un mundo de cobardes, los valientes mueren solos.
A veces cuando hablás, me parece soy sordo; ni en tus labios percibo movimiento, más bien son tus ojos, espejos de realidad que devuelven el reflejo de los otros, de todos nosotros.
Por qué será cosa tan natural robarle ilusiones a tu mundo, creadora nata de quimeras y dragones de papel.
Te escucharán acaso los dioses cuando rezas, predicando mordiscos de fantasía en esta cruda urbanidad.
Y es que resulta tan fácil descansar el peso en tus hombros, abrigar el alma bajo tu ala y hasta robar tus sueños para vivirlos de a ratos.
Pero cuanto pesar propio soporta un corazón, antes de desplomarse para siempre...
Desbordada un día del egoísmo humano, llegarás al único triste consentimiento: En un mundo de cobardes, los valientes mueren solos.
Pláticas vacías
Multitud de pensamientos inundan mi mente deshaciendose en particulas volatiles que nublan los sentidos. Ya no puedo escuchar lo que decis, mucho menos entenderte. Sin notarlo, me aleje kilometros de tu lado, y ahora al intentar mirarte, solo encuentro a una diminuta esfera que se mueve y gesticula. Muy lejos, demasiado de mi y mis pensamientos.
La realidad es, que no me preocupa demasiado lo que pueda perderme; mi concentración se centra en atrapantes imagenes y palabras flotando en mi interior. Sin embargo roe mis oidos el remordimiento; no te das cuenta de nada y continuas tus explicaciones, confiando en mi absoluta atención.
Si supieras que perdí el hilo hace rato y el carril lo expulsé unos metros...
Multitud de pensamientos inundan mi mente deshaciendose en particulas volatiles que nublan los sentidos. Ya no puedo escuchar lo que decis, mucho menos entenderte. Sin notarlo, me aleje kilometros de tu lado, y ahora al intentar mirarte, solo encuentro a una diminuta esfera que se mueve y gesticula. Muy lejos, demasiado de mi y mis pensamientos.
La realidad es, que no me preocupa demasiado lo que pueda perderme; mi concentración se centra en atrapantes imagenes y palabras flotando en mi interior. Sin embargo roe mis oidos el remordimiento; no te das cuenta de nada y continuas tus explicaciones, confiando en mi absoluta atención.
Si supieras que perdí el hilo hace rato y el carril lo expulsé unos metros...
Antojo
Quiero probar una vez
que se siente no sentir...
Quiero mirar sin ver,
y dejar que el tiempo escape
sin notar su movimiento
Quiero caer por fin
a ese sueño de los muertos,
sin transitar el momento
Quiero probar una vez
que se siente no sentir...
Quiero mirar sin ver,
y dejar que el tiempo escape
sin notar su movimiento
Quiero caer por fin
a ese sueño de los muertos,
sin transitar el momento
Triste reflexión
Lo posible, lo irremediable, los por qué, para qué, hasta cuando, desde dónde, si vos... si yo... si nosotros...
Hoy todo se resume en poder mirarse hacia adentro, espiarse en serio y saber que por mas duro que resulte, lo que no se siente bien, es mejor dejarlo en los momentos felices que asesinarlo en el camino de las forzadas posibilidades.
(Jueves 19 de Mayo del 2005, 3:03 AM)
Lo posible, lo irremediable, los por qué, para qué, hasta cuando, desde dónde, si vos... si yo... si nosotros...
Hoy todo se resume en poder mirarse hacia adentro, espiarse en serio y saber que por mas duro que resulte, lo que no se siente bien, es mejor dejarlo en los momentos felices que asesinarlo en el camino de las forzadas posibilidades.
(Jueves 19 de Mayo del 2005, 3:03 AM)
septiembre 18, 2006
A veces...
es mejor saber que no, que nada, que ni ahi. a saber que a medias, que casi que quizás.
(Miercoles, 17 de Agosto del 2005, 10:47 PM)
es mejor saber que no, que nada, que ni ahi. a saber que a medias, que casi que quizás.
(Miercoles, 17 de Agosto del 2005, 10:47 PM)
Hueco
Ayer me di cuenta que el vacío en el pecho tiene un intenso calor que congela.
(Jueves, 11 de Agosto del 2005, 1:07 PM)
Ayer me di cuenta que el vacío en el pecho tiene un intenso calor que congela.
(Jueves, 11 de Agosto del 2005, 1:07 PM)
En la superficie
Ahi estabas diciendome todo lo que fui, procurando no dejar dentro ningún sentimiento olvidado, ninguna palabra sin el sentido exacto, ningún recuerdo sin el adjetivo preciso.
Ahí estabas sin notarlo, desnudando la unica verdad, de todas las mentiras disfrazadas, que necesitaba escuchar: durante tanto tiempo, tanto empeño, tanta lagrima... sólo supiste ver la superficie de mi.
¿Y lo demas? ¿El todo? ¿Lo real?
Eso, ya no vale la pena ni que te lo cuenten.
(Lunes, 27 de Junio del 2005, 9:52 PM)
Ahi estabas diciendome todo lo que fui, procurando no dejar dentro ningún sentimiento olvidado, ninguna palabra sin el sentido exacto, ningún recuerdo sin el adjetivo preciso.
Ahí estabas sin notarlo, desnudando la unica verdad, de todas las mentiras disfrazadas, que necesitaba escuchar: durante tanto tiempo, tanto empeño, tanta lagrima... sólo supiste ver la superficie de mi.
¿Y lo demas? ¿El todo? ¿Lo real?
Eso, ya no vale la pena ni que te lo cuenten.
(Lunes, 27 de Junio del 2005, 9:52 PM)
agosto 28, 2006
Leyéndote
¿Es posible deleitarse al punto del éxtasis
con aquello que no se toca, que no se ve,
que sólo se oye cuando se lee hacia adentro
y con una voz que es la nuestra,
aunque la entonación pertenezca al autor
que le dio vida y cuerpo en letras?
¿Es posible que todo eso esté así,
tan al alcance de la mano y no,
tan distante una vida de otra,
una piel tibia de otra que arde al leer
con la seguridad del otro lado
que aísla los temores para bien o para mal
de ese compartirse, unirse,
fundirse en una entrega real?
¿Cuanto goce intelectual hace falta
para que el amor se despierte
comprometiendo lo que ya tatúa el alma
como destino familiar
en emociones danzantes que recorren los oídos
que escuchan con el pecho
cuando los demás sentidos
carecen de su instinto esencial?
A punto de tocarte…sutil escape…
me he mentido de todas las maneras posibles…
sin embargo caigo en esa difícil y cruel realidad:
enamorarme en cada lectura
y despecharme en el punto final.
¿Es posible deleitarse al punto del éxtasis
con aquello que no se toca, que no se ve,
que sólo se oye cuando se lee hacia adentro
y con una voz que es la nuestra,
aunque la entonación pertenezca al autor
que le dio vida y cuerpo en letras?
¿Es posible que todo eso esté así,
tan al alcance de la mano y no,
tan distante una vida de otra,
una piel tibia de otra que arde al leer
con la seguridad del otro lado
que aísla los temores para bien o para mal
de ese compartirse, unirse,
fundirse en una entrega real?
¿Cuanto goce intelectual hace falta
para que el amor se despierte
comprometiendo lo que ya tatúa el alma
como destino familiar
en emociones danzantes que recorren los oídos
que escuchan con el pecho
cuando los demás sentidos
carecen de su instinto esencial?
A punto de tocarte…sutil escape…
me he mentido de todas las maneras posibles…
sin embargo caigo en esa difícil y cruel realidad:
enamorarme en cada lectura
y despecharme en el punto final.
mayo 12, 2006
DEL CONTAR, NARRAR, CREAR...
Un comienzo a medio empezar
Se despertó como quien se cae de un árbol : ¡PUM! hizo contra la almohada su ojo derecho y ¡PAF! el izquierdo. Sin embargo su cuerpo seguía participando despreocupado en sus sueños.
Se despertó como quien se cae de un árbol : ¡PUM! hizo contra la almohada su ojo derecho y ¡PAF! el izquierdo. Sin embargo su cuerpo seguía participando despreocupado en sus sueños.
Cuando llueve adentro
Ella lo abraza, lo enlaza, lo inquieta con palabras crudas, con su cuerpo invisible de mudas, con su talento en sonreír desnuda. El moja de sombras sus párpados entreabiertos, desde afuera y hacia adentro, con imágenes abismales de los sueños que avergüenzan, que entorpecen y adormecen los destinos sin sentido, los amores, los olvidos, los inviernos ya podridos. El oxigeno le escapa en oraciones monocordes, subtítulos pastosos de un idioma uniforme, suspiros hirientes ante el silencio omnipresente. Las arrugas se remueven , se inquietan, se detienen, se humedecen, se adormecen hasta que la tela vence. Y con un quejido que ruge, desde un alma que sufre, se incorpora, se despierta, abre los ojos alerta, y en los instantes que piensa a su pesadilla dispersa encuentra el vacío a su lado, imperante, tajante, precario ante su anhelo, pedante en su desvelo. La tristeza lo enmudece, la penumbra lo enfurece, las lagrimas lo entorpecen y su cabeza cae pesada sobre plumas enfundadas. La oscuridad lo conmociona, las imágenes lo abandonan, sus pupilas se someten mientras su mente le miente. Y Ella lo abraza, lo enlaza, lo inquieta con palabras crudas...
Ella lo abraza, lo enlaza, lo inquieta con palabras crudas, con su cuerpo invisible de mudas, con su talento en sonreír desnuda. El moja de sombras sus párpados entreabiertos, desde afuera y hacia adentro, con imágenes abismales de los sueños que avergüenzan, que entorpecen y adormecen los destinos sin sentido, los amores, los olvidos, los inviernos ya podridos. El oxigeno le escapa en oraciones monocordes, subtítulos pastosos de un idioma uniforme, suspiros hirientes ante el silencio omnipresente. Las arrugas se remueven , se inquietan, se detienen, se humedecen, se adormecen hasta que la tela vence. Y con un quejido que ruge, desde un alma que sufre, se incorpora, se despierta, abre los ojos alerta, y en los instantes que piensa a su pesadilla dispersa encuentra el vacío a su lado, imperante, tajante, precario ante su anhelo, pedante en su desvelo. La tristeza lo enmudece, la penumbra lo enfurece, las lagrimas lo entorpecen y su cabeza cae pesada sobre plumas enfundadas. La oscuridad lo conmociona, las imágenes lo abandonan, sus pupilas se someten mientras su mente le miente. Y Ella lo abraza, lo enlaza, lo inquieta con palabras crudas...
El idioma de los muertos
Disfrazaban sus mejillas un débil tono rosado, que intentaba con ingenuidad ocultar sus heladas arrugas; tampoco servían de nada sus mejores galas sin algún vals para lucirlas; y tan ridículas resultaban las confortables sábanas de satén, desperdiciadas en sus tiesas espaldas. Al menos todavía compartían la misma habitación, aunque ya no la misma almohada. Inútil ritual que obliga a los amantes a descansar en camas separadas.
“Quizá en el cielo, un funeral sea una boda para los ángeles” pensó su nieta mayor, esbozando una aliviada sonrisa.
Disfrazaban sus mejillas un débil tono rosado, que intentaba con ingenuidad ocultar sus heladas arrugas; tampoco servían de nada sus mejores galas sin algún vals para lucirlas; y tan ridículas resultaban las confortables sábanas de satén, desperdiciadas en sus tiesas espaldas. Al menos todavía compartían la misma habitación, aunque ya no la misma almohada. Inútil ritual que obliga a los amantes a descansar en camas separadas.
“Quizá en el cielo, un funeral sea una boda para los ángeles” pensó su nieta mayor, esbozando una aliviada sonrisa.
Desbaratando Monstruos
Era cuestión de taparse hasta la nariz y estarse bien quieta para que ellos no la descubran.
Era cuestión de acostumbrarse a lo negro y a ese millar de puntitos que se ingeniaban figuras irreales en los ojos.
Era cuestión de olvidarse del armario, del debajo de la cama, del detrás de la ventana.
Era cuestión de no inventarle formas a la ropa ni a los juguetes desparramados por la habitación.
Era cuestión entonces, de cerrar bien fuerte los ojos y aguantar lo suficiente, cuidando el silencio con mucho empeño para que éste, no despierte a los ruidos que atraían los horrores de la imaginación.
Era cuestión de poco tiempo, minutos apenas para que esa tan temida oscuridad se disolviera con el primer sueño.
Era cuestión de crecer, pero eso estaba lejos todavía y además, un nuevo pensamiento la perturbaba el doble: ¿Acaso los monstruos no crecen también?
Era cuestión de taparse hasta la nariz y estarse bien quieta para que ellos no la descubran.
Era cuestión de acostumbrarse a lo negro y a ese millar de puntitos que se ingeniaban figuras irreales en los ojos.
Era cuestión de olvidarse del armario, del debajo de la cama, del detrás de la ventana.
Era cuestión de no inventarle formas a la ropa ni a los juguetes desparramados por la habitación.
Era cuestión entonces, de cerrar bien fuerte los ojos y aguantar lo suficiente, cuidando el silencio con mucho empeño para que éste, no despierte a los ruidos que atraían los horrores de la imaginación.
Era cuestión de poco tiempo, minutos apenas para que esa tan temida oscuridad se disolviera con el primer sueño.
Era cuestión de crecer, pero eso estaba lejos todavía y además, un nuevo pensamiento la perturbaba el doble: ¿Acaso los monstruos no crecen también?
Noche sin luna
Instintivamente arropó su cuerpo, como lo hacía cada noche durante los últimos tres años; los más felices de su vida, los más penosos a partir de las próximas horas. Besó su frente aun tibia, acomodando su delicada cabeza sobre la almohada de esterilizada blancura.
El agudo dolor que le producía respirar, no hacía mérito de su sufrimiento. Ni un solo pensamiento concreto lograba arrancar su mente y a cambio, lo colmaba el más absoluto vacío, el mismo que desde su nacimiento le habían producido sus mayores temores, vueltos realidad segundos antes.
Se incorporó cautelosamente, cuidando de que nada perturbase el celoso silencio que los envolvía, y observándola por última vez dormir ese sueño de ángeles, se percató de lo que más extrañaría. Ni las cosquillas que le causaba a su sangre el sonido de su risa, ni la suavidad de sus inquietas manitos al acariciar su rostro, ni siquiera el aroma a porvenir que desprendían sus cabellos; no, lo que más lo atormentaba, era la certeza de que su niña de los ojos de la luna, jamás volvería a iluminar su alma con ellos.
Instintivamente arropó su cuerpo, como lo hacía cada noche durante los últimos tres años; los más felices de su vida, los más penosos a partir de las próximas horas. Besó su frente aun tibia, acomodando su delicada cabeza sobre la almohada de esterilizada blancura.
El agudo dolor que le producía respirar, no hacía mérito de su sufrimiento. Ni un solo pensamiento concreto lograba arrancar su mente y a cambio, lo colmaba el más absoluto vacío, el mismo que desde su nacimiento le habían producido sus mayores temores, vueltos realidad segundos antes.
Se incorporó cautelosamente, cuidando de que nada perturbase el celoso silencio que los envolvía, y observándola por última vez dormir ese sueño de ángeles, se percató de lo que más extrañaría. Ni las cosquillas que le causaba a su sangre el sonido de su risa, ni la suavidad de sus inquietas manitos al acariciar su rostro, ni siquiera el aroma a porvenir que desprendían sus cabellos; no, lo que más lo atormentaba, era la certeza de que su niña de los ojos de la luna, jamás volvería a iluminar su alma con ellos.
El idioma de los muertos (II)
Apartó su extasiado cuerpo de su lado para dejarlo caer en el remolino de sabanas; la rojiza melena enredada entibiaba aun su rostro, confundiendo apenas el gusto a libertad conquistado segundos antes. La respiración se hizo espaciada cada vez, hasta recobrar su temida normalidad.
Ella abrió sus ojos y otros la encontraron. Meros espejismos... la única presencia real en la habitación fue su odiada distancia. Consciente de la innecesidad de palabras hasta el alba, dió media vuelta, y se obligó a dormir.
Apartó su extasiado cuerpo de su lado para dejarlo caer en el remolino de sabanas; la rojiza melena enredada entibiaba aun su rostro, confundiendo apenas el gusto a libertad conquistado segundos antes. La respiración se hizo espaciada cada vez, hasta recobrar su temida normalidad.
Ella abrió sus ojos y otros la encontraron. Meros espejismos... la única presencia real en la habitación fue su odiada distancia. Consciente de la innecesidad de palabras hasta el alba, dió media vuelta, y se obligó a dormir.
Oda de un hombre lobo a las estrellas
Veneno es su madre para mi alma,
Hogar es su tumba en mi vergüenza,
Desgarro fantasmas en caninas pesadillas
mientras latidos humanos enmudecidos tiemblan...
En este sendero
que se ostenta virgen cada noche a mis sentidos.
Por esta sed
de rojo y espesor tibio en mi lengua.
Desde este sueño-infierno
que me sabe ajeno a un mundo empequeñecido ante mi fuerza.
A nadie más que a ellas puedo serle fiel
A nadie más que a ellas reconozco
en mi ceguera áurica que disfraza mi voraz esencia.
Damas de compañía de un coste invaluable
Vigías, cómplices, celadoras, centinelas, mudas y bellas serenas.
Aún cuando mi pelaje me embriaga, percibo su implacable presencia.
Aún cuando mis instintos despiertan, inclino mi cabeza ante ellas.
Ya que sé que mi condena
no es vivir obediente al mandato de su Matriz plateada
El desgarro lo lleva mi ferocidad
al ignorar el modo de sucumbir en conmovidas lagrimas
ante su lealtad extrema
Veneno es su madre para mi alma,
Hogar es su tumba en mi vergüenza,
Desgarro fantasmas en caninas pesadillas
mientras latidos humanos enmudecidos tiemblan...
En este sendero
que se ostenta virgen cada noche a mis sentidos.
Por esta sed
de rojo y espesor tibio en mi lengua.
Desde este sueño-infierno
que me sabe ajeno a un mundo empequeñecido ante mi fuerza.
A nadie más que a ellas puedo serle fiel
A nadie más que a ellas reconozco
en mi ceguera áurica que disfraza mi voraz esencia.
Damas de compañía de un coste invaluable
Vigías, cómplices, celadoras, centinelas, mudas y bellas serenas.
Aún cuando mi pelaje me embriaga, percibo su implacable presencia.
Aún cuando mis instintos despiertan, inclino mi cabeza ante ellas.
Ya que sé que mi condena
no es vivir obediente al mandato de su Matriz plateada
El desgarro lo lleva mi ferocidad
al ignorar el modo de sucumbir en conmovidas lagrimas
ante su lealtad extrema
Pequeños pasos
Uno, dos, tres y se detiene. Cuatro, cinco, seis, momento de respirar muy hondo. Siete, ocho, nueve la mano empuja la puerta indicándole que ya no hay vuelta atrás. Con los ojos cerrados y la lengua revuelta entre las muelas de leche llega el diez derecho y el once izquierdo para cruzar el umbral. Las paredes oscuras proyectan sombras gigantes a la luz de tantas velas. Los murmullos se unen hasta formar un colchón en el aire que entorpece los oídos opacando las mentes. Las flores exhalan su perfume adormeciendo los sentidos que claman un descanso. El frío de la sala es inversamente proporcional a la congoja de los presentes y al café que llevan en sus tazas. Doce, trece, catorce, quince, la madera lustrada devuelve el reflejo de su suspiro ciego con párpados apretados. Manos arriba aferradas al borde, puntas de pie y abrir los ojos de a poquito, porque el temor nunca es impaciente. Ella duerme pero no sueña. Las mejillas ya no son blandas para los besos por las mañanas, y sus labios llevan un color artificial que ensombrecería cada sonrisa fresca. Su cabello esta peinado demasiado prolijo para amortiguar abrazos. Y sus manos desnudas del esmalte rosa se avergüenzan pálidas de cada caricia. Sus orejas sin embargo son idénticas a las de siempre y todavía llevan los aritos en forma de margaritas que le compró con su regalo de cumpleaños. Un esfuerzo lo acerca hasta ellas y su ultima charla se convierte en promesa: - “Yo te voy a querer siempre aunque ya no seas igual que antes”. Ella duerme pero no sueña. Y sus oídos sordos ahora sonríen.
Uno, dos, tres y se detiene. Cuatro, cinco, seis, momento de respirar muy hondo. Siete, ocho, nueve la mano empuja la puerta indicándole que ya no hay vuelta atrás. Con los ojos cerrados y la lengua revuelta entre las muelas de leche llega el diez derecho y el once izquierdo para cruzar el umbral. Las paredes oscuras proyectan sombras gigantes a la luz de tantas velas. Los murmullos se unen hasta formar un colchón en el aire que entorpece los oídos opacando las mentes. Las flores exhalan su perfume adormeciendo los sentidos que claman un descanso. El frío de la sala es inversamente proporcional a la congoja de los presentes y al café que llevan en sus tazas. Doce, trece, catorce, quince, la madera lustrada devuelve el reflejo de su suspiro ciego con párpados apretados. Manos arriba aferradas al borde, puntas de pie y abrir los ojos de a poquito, porque el temor nunca es impaciente. Ella duerme pero no sueña. Las mejillas ya no son blandas para los besos por las mañanas, y sus labios llevan un color artificial que ensombrecería cada sonrisa fresca. Su cabello esta peinado demasiado prolijo para amortiguar abrazos. Y sus manos desnudas del esmalte rosa se avergüenzan pálidas de cada caricia. Sus orejas sin embargo son idénticas a las de siempre y todavía llevan los aritos en forma de margaritas que le compró con su regalo de cumpleaños. Un esfuerzo lo acerca hasta ellas y su ultima charla se convierte en promesa: - “Yo te voy a querer siempre aunque ya no seas igual que antes”. Ella duerme pero no sueña. Y sus oídos sordos ahora sonríen.
Desarmando Monstruos
Dispuesto a soportar en sus manos el peso de un corazón vivo, hundió en aquel impávido pecho la fuerza de sus años, hasta sentir la tibieza espesa de la sangre mortal recorrer su codo. La nueva víctima, incauta y bella como todas, esbozó un grito que acabó en débil gemido; tan dulce como el sabor de su néctar, degustado a besos tantas otras veces de sus labios; inmensos y carnosos pétalos que sobrecogidos ahora por el horror, se estremecían en un temblor imperceptible.
Más abajo, su mano cual garra latía al unísono del pequeño pedazo de ser, debatido entre la entrega absoluta y el incipiente desmayo. Dispuesto a perpetuar detalles, observó con frialdad la profundidad de sus hermosos ojos, fijos espejos que devolvieron la negrura de los suyos; y cerrando aún más los dedos, anticipó a su joven mártir el inevitable final. Ella contuvo el silencio en una bocanada muda que detuvo siglos, recorrió el tiempo; y ante su descomunal fragilidad, lo vió crecer sin medida hasta cubrirla por entero, cuando con el seco movimiento de su miembro, acabó de un solo tirón con su encarnizado sufrimiento.
Inerte ante su asesino, el patético cuerpo vacío de sueños se desplomó a sus pies; más sus rostros se encontraron breves instantes que le valieron lo eterno. En él entonces sucumbió la sorpresa al notar en su celestial gesto, el principio de una sonrisa que destellaba calma, revelación, entendimiento; y sin preverlo siquiera, la humedad de una novata lágrima rodó en su mejilla pétrea para caer al fin, junto a su ahora tan perfecto como inservible, objeto de deseo.
Dispuesto a soportar en sus manos el peso de un corazón vivo, hundió en aquel impávido pecho la fuerza de sus años, hasta sentir la tibieza espesa de la sangre mortal recorrer su codo. La nueva víctima, incauta y bella como todas, esbozó un grito que acabó en débil gemido; tan dulce como el sabor de su néctar, degustado a besos tantas otras veces de sus labios; inmensos y carnosos pétalos que sobrecogidos ahora por el horror, se estremecían en un temblor imperceptible.
Más abajo, su mano cual garra latía al unísono del pequeño pedazo de ser, debatido entre la entrega absoluta y el incipiente desmayo. Dispuesto a perpetuar detalles, observó con frialdad la profundidad de sus hermosos ojos, fijos espejos que devolvieron la negrura de los suyos; y cerrando aún más los dedos, anticipó a su joven mártir el inevitable final. Ella contuvo el silencio en una bocanada muda que detuvo siglos, recorrió el tiempo; y ante su descomunal fragilidad, lo vió crecer sin medida hasta cubrirla por entero, cuando con el seco movimiento de su miembro, acabó de un solo tirón con su encarnizado sufrimiento.
Inerte ante su asesino, el patético cuerpo vacío de sueños se desplomó a sus pies; más sus rostros se encontraron breves instantes que le valieron lo eterno. En él entonces sucumbió la sorpresa al notar en su celestial gesto, el principio de una sonrisa que destellaba calma, revelación, entendimiento; y sin preverlo siquiera, la humedad de una novata lágrima rodó en su mejilla pétrea para caer al fin, junto a su ahora tan perfecto como inservible, objeto de deseo.
Pecados selectivos
Corría el año 1408. En el pueblo blanco las ceremonias religiosas ya no eran un culto secreto. Ante Dios y en su nombre, los mas pavorosos crímenes se sucedían como los días a las noches.
Ninguno de sus habitantes dudaba, ninguno contradecía la orden, ninguno anteponía sus razones a sus deberes... o eso creían.
El signo amarillo fue el primer indicio del espectáculo infernal. Cada puerta, cada ventana, cada entrada o salida amaneció con una franja viscosa del color de Febo.
De nada sirvieron las asambleas, ni los celosos interrogatorios, ni las guardias nocturnas. Siete días después, la niebla de la madrugada no fue velo suficiente, para las manos inertes de cada niño hallado muerto por sus padres y sirvientes.
El cementerio se llenó de vírgenes tumbas, de desgarrados gritos maternales, de quebradas lágrimas generales, de furiosos rostros impotentes.
De nada sirvieron las pesquisas, ni los allanamientos sorpresa, ni las torturas secretas.
Cinco días más tarde, ningún animal despertó con su cabeza en su cuello. Ningún alimento perduró más que segundos, sin pudrirse en el viento. Ningún camino condujo a sus ocupantes a más de cien metros del pueblo.
De nada sirvieron las oraciones conjuntas, ni los ruegos absolutos, ni los sacrificios con culpa.
Y es que cuando el miedo que acecha se pone en movimiento, la Fe simplemente deja de surtir su efecto.
Pronto el pánico atrajo a la ira, la ira sucumbió ante la demencia, la demencia desencadenó el espanto.
Corría el año 1408. En el pueblo alguna vez llamado blanco, las ceremonias ya no eran religiosas, y su culto era un misterioso secreto.
Corría el año 1408. En el pueblo blanco las ceremonias religiosas ya no eran un culto secreto. Ante Dios y en su nombre, los mas pavorosos crímenes se sucedían como los días a las noches.
Ninguno de sus habitantes dudaba, ninguno contradecía la orden, ninguno anteponía sus razones a sus deberes... o eso creían.
El signo amarillo fue el primer indicio del espectáculo infernal. Cada puerta, cada ventana, cada entrada o salida amaneció con una franja viscosa del color de Febo.
De nada sirvieron las asambleas, ni los celosos interrogatorios, ni las guardias nocturnas. Siete días después, la niebla de la madrugada no fue velo suficiente, para las manos inertes de cada niño hallado muerto por sus padres y sirvientes.
El cementerio se llenó de vírgenes tumbas, de desgarrados gritos maternales, de quebradas lágrimas generales, de furiosos rostros impotentes.
De nada sirvieron las pesquisas, ni los allanamientos sorpresa, ni las torturas secretas.
Cinco días más tarde, ningún animal despertó con su cabeza en su cuello. Ningún alimento perduró más que segundos, sin pudrirse en el viento. Ningún camino condujo a sus ocupantes a más de cien metros del pueblo.
De nada sirvieron las oraciones conjuntas, ni los ruegos absolutos, ni los sacrificios con culpa.
Y es que cuando el miedo que acecha se pone en movimiento, la Fe simplemente deja de surtir su efecto.
Pronto el pánico atrajo a la ira, la ira sucumbió ante la demencia, la demencia desencadenó el espanto.
Corría el año 1408. En el pueblo alguna vez llamado blanco, las ceremonias ya no eran religiosas, y su culto era un misterioso secreto.
mayo 11, 2006
El Bondi
Un viaje
aunque sólo parezca una vuelta,
aunque los rostros sean desconocidos pero los destinos similares,
aunque el aroma se acomode en lo familiar.
No deja de ser un lugar frío
sin embargo cuanto de calidez en los inviernos y de refugio en tormentas internas
cuanto de hastío repetitivo y de paseo al saber mirar,
cuanto de alejarse, acomodarse a su merced, desafiar al tiempo, llegar...
Un viaje, aunque sólo parezca una vuelta.
Un viaje
aunque sólo parezca una vuelta,
aunque los rostros sean desconocidos pero los destinos similares,
aunque el aroma se acomode en lo familiar.
No deja de ser un lugar frío
sin embargo cuanto de calidez en los inviernos y de refugio en tormentas internas
cuanto de hastío repetitivo y de paseo al saber mirar,
cuanto de alejarse, acomodarse a su merced, desafiar al tiempo, llegar...
Un viaje, aunque sólo parezca una vuelta.
Intelectuales y cuentos de hadas
- Universalmente hablando, nadie lleva la perfección en su nariz; pero si se trata de abrir paralelismos entre lo posible y lo que no, quizá pueda emitir opinión sin pecar de mentiroso. ¿No le parece Sr. Oso? - dijo el búho, algo rabioso.
- Pues de seguro no tengo ni el rabo, pero puedo mostrar interés, siempre que no le moleste a Ud. - susurró la comadreja.
- ¡Y yo levanto una queja!- gritó la rana sin patas, tratando de parecer quizá, algo más verde de lo habitual...
Los ojos de Clarita iban y venían por el libro de cuentos que cada viernes sin falta, alguno de los invitados le obsequiaba. De los brillantes y coloridos dibujos de animales a las grandes letras, incomprensibles jeroglíficos para sus cinco años. No le importaba demasiado que del otro lado de la mesa su madre no le prestara atención; sabía que cenar con esa gente tan rara, duraba mucho más rato que cualquier día normal, por eso no protestaba.
Entonces ella jugaba, mezclando lo que escuchaba, a que sabía leer. Y jamás entendió por qué las historias que se inventaba, nunca coincidían después a la hora de ir a la cama con las que mamá le contaba.
- Universalmente hablando, nadie lleva la perfección en su nariz; pero si se trata de abrir paralelismos entre lo posible y lo que no, quizá pueda emitir opinión sin pecar de mentiroso. ¿No le parece Sr. Oso? - dijo el búho, algo rabioso.
- Pues de seguro no tengo ni el rabo, pero puedo mostrar interés, siempre que no le moleste a Ud. - susurró la comadreja.
- ¡Y yo levanto una queja!- gritó la rana sin patas, tratando de parecer quizá, algo más verde de lo habitual...
Los ojos de Clarita iban y venían por el libro de cuentos que cada viernes sin falta, alguno de los invitados le obsequiaba. De los brillantes y coloridos dibujos de animales a las grandes letras, incomprensibles jeroglíficos para sus cinco años. No le importaba demasiado que del otro lado de la mesa su madre no le prestara atención; sabía que cenar con esa gente tan rara, duraba mucho más rato que cualquier día normal, por eso no protestaba.
Entonces ella jugaba, mezclando lo que escuchaba, a que sabía leer. Y jamás entendió por qué las historias que se inventaba, nunca coincidían después a la hora de ir a la cama con las que mamá le contaba.
El espejo en el espejo
- Espejo sabio que todo lo sabes y nada ocultas, muéstrame quien es de todas la más bella del reino. -
Y Blancanieves quedó estupefacta al ver frente a su reflejo el rostro de su madrastra.
- Espejo sabio que todo lo sabes y nada ocultas, muéstrame quien es de todas la más bella del reino. -
Y Blancanieves quedó estupefacta al ver frente a su reflejo el rostro de su madrastra.
Mercader de epitafios
Embarradas sus botas, empapado su anhelo, dirigía sus pasos por caminos dispersos. Resguardaba memorias de vidas-invento, rescatando del agua ánimas sin tiempo. Edades dispares, delgados y obesos, colores y razas hinchadas de excesos. Por cada X un nombre, por cada pecado un siniestro, en cada húmedo murmullo un suspiro, y allí otra leyenda que le convidaba el río.
Dibujaba palabras sin brillo para cada uno de ellos. En cada tumba un misterio, de piedra, cruces y hierro. Sin aroma las flores, sin pastizal sus lechos. Apenas algunas fechas como regocijo de lo eterno. Reconocía las huellas que deja el agua en los cuerpos, mapas imperceptibles de un final sin alma ni velo. Abrigaba sus noches en ensombrecidos sueños, donde su nicho era fuego y su dolor, recuerdos.
Embarradas sus botas, empapado su anhelo, dirigía sus pasos por caminos dispersos. Resguardaba memorias de vidas-invento, rescatando del agua ánimas sin tiempo. Edades dispares, delgados y obesos, colores y razas hinchadas de excesos. Por cada X un nombre, por cada pecado un siniestro, en cada húmedo murmullo un suspiro, y allí otra leyenda que le convidaba el río.
Dibujaba palabras sin brillo para cada uno de ellos. En cada tumba un misterio, de piedra, cruces y hierro. Sin aroma las flores, sin pastizal sus lechos. Apenas algunas fechas como regocijo de lo eterno. Reconocía las huellas que deja el agua en los cuerpos, mapas imperceptibles de un final sin alma ni velo. Abrigaba sus noches en ensombrecidos sueños, donde su nicho era fuego y su dolor, recuerdos.
El Desamparo
El gato negro saltó de la ventana. Adiós cautiverio. Bienvenida la independencia. Siempre caen parados, pero esta vez iba a zambullirse en un canal frío de un Londres somnoliento. Sus últimos pensamientos fueron mudos, felinos, indescifrables para una mente opaca como la humana.
El tren de medianoche atravesó el Támesis con su cantata de los diablos a cuestas y su imagen reflejándose en el río cual caleidoscopio borroso. Un cigarrillo aun encendido cayó en el agua interrumpiendo el espejo, y la máscara cruda del invierno se posó por un instante en su rostro, que exhalaba en humo el último suspiro de nicotina. Bajó las solapas de su saco y se acercó a la orilla. Los adoquines absorbieron sus sombras; siete extrañas desapariciones, siete pasos hasta el borde y un salto desde el puente. Adiós cautiverio. Bienvenida la muerte. Sus últimos pensamientos fueron mudos, felinos, indescifrables para una mente opaca como la humana.
El viento sopló mas fuerte anunciando su presencia. El que susurra en las tinieblas, el que todos temen cuando temen, el que todos viven una vez y algunos desafortunados toda una vida, subió las solapas de su saco para seguir su recorrido en busca de nuevas almas desesperadas.
El gato negro saltó de la ventana. Adiós cautiverio. Bienvenida la independencia. Siempre caen parados, pero esta vez iba a zambullirse en un canal frío de un Londres somnoliento. Sus últimos pensamientos fueron mudos, felinos, indescifrables para una mente opaca como la humana.
El tren de medianoche atravesó el Támesis con su cantata de los diablos a cuestas y su imagen reflejándose en el río cual caleidoscopio borroso. Un cigarrillo aun encendido cayó en el agua interrumpiendo el espejo, y la máscara cruda del invierno se posó por un instante en su rostro, que exhalaba en humo el último suspiro de nicotina. Bajó las solapas de su saco y se acercó a la orilla. Los adoquines absorbieron sus sombras; siete extrañas desapariciones, siete pasos hasta el borde y un salto desde el puente. Adiós cautiverio. Bienvenida la muerte. Sus últimos pensamientos fueron mudos, felinos, indescifrables para una mente opaca como la humana.
El viento sopló mas fuerte anunciando su presencia. El que susurra en las tinieblas, el que todos temen cuando temen, el que todos viven una vez y algunos desafortunados toda una vida, subió las solapas de su saco para seguir su recorrido en busca de nuevas almas desesperadas.
El Deseo
Desde aquí inspiro tu aliento, me consumo en el polo magnético de tus ojos abismales, en la estrella opaca de tus pupilas dilatadas, que me convocan con sincronización simbiótica entre tu naturaleza animal y tus pudores de inocente infante.
Desde allí sólo expiras tierra bajo tus pies, anhelando el abrazo halado hasta mi centro tibio que en tu sangre hierve cual salamandra voraz.
Sabes que soy lo que me pides a gritos mudos en la humedad de tus sentidos; sediento bebes el almíbar de mi voz; insaciable creas sueños rotos de desvergüenza en la prolongación de tu garganta árida.
Sabes que soy especialista en la materia de tus vicios enterrados en las profundidades de tu sordera.
Sabes, aunque no me veas, aunque no creas en mi, aunque adjudiques tu lujuria febril sólo a tus impulsos internos, que existo, que soy, que obedeces y aunque luego te desmayes en lágrimas, siempre agradeces.
Desde aquí inspiro tu aliento, me consumo en el polo magnético de tus ojos abismales, en la estrella opaca de tus pupilas dilatadas, que me convocan con sincronización simbiótica entre tu naturaleza animal y tus pudores de inocente infante.
Desde allí sólo expiras tierra bajo tus pies, anhelando el abrazo halado hasta mi centro tibio que en tu sangre hierve cual salamandra voraz.
Sabes que soy lo que me pides a gritos mudos en la humedad de tus sentidos; sediento bebes el almíbar de mi voz; insaciable creas sueños rotos de desvergüenza en la prolongación de tu garganta árida.
Sabes que soy especialista en la materia de tus vicios enterrados en las profundidades de tu sordera.
Sabes, aunque no me veas, aunque no creas en mi, aunque adjudiques tu lujuria febril sólo a tus impulsos internos, que existo, que soy, que obedeces y aunque luego te desmayes en lágrimas, siempre agradeces.
Pecados en lo cotidiano
Bajar del subte a las ocho, pedir en el McDonalds un café con una sola medialuna para despertar las neuronas y endulzar las mañanas; caminar las cinco cuadras mirando las mismas vidrieras y cruzando a la misma gente que participa, sin saberlo, de mi mudo juego de intentar percibir algún cambio en sus peinados o color de vestimenta. Saludar con la mano y una sonrisa al quiosquero José, saludar con la cabeza al diariero Nacho, largar un “buenos días” a la señora de la florería que siempre devuelve un “buenas”, enmarañado en la voz del conductor de la radio AM, que suena más frita de lo que debería. Llegar hasta la esquina de la casa amarilla y mirar por la ventana, que siempre huele a torta de manzana aunque no haya luz o movimiento dentro. Pisar la baldosa rajada esquivando la floja y saltar ese agujero en la vereda cada día más lleno de basura y hormigas. Detener los pies, dar un hondo suspiro y entrar al universo de talles extra large, estampados floreados, rayados y lisos, olores a vainilla y naftalina – culpa del sahumerio que no tapa como debería los aromas no deseados – música de Enya - que cada noche continuará tarareando mi cerebro sin pedirme permiso - y una luz amarillenta, producto de unas lámparas gastadas contra unas paredes que en algún tiempo fueron de un tono azulino, pero hoy no son mas que manchas de humedad, vejez y aburrimiento.
Durante la mañana sólo entrará el chico del almacén a pedir cambio de cincuenta, algún joven desorientado a preguntar por la calle de la facultad - no la de derecho sino la privada - y quizá con algo de suerte, alguna de las mujeres calladas que gustan de ver más que de probar. Al mediodía será sándwich de pollo o atún, ensalada mixta o tarta de zapallitos, y si se nubla o llueve, algún alfajor de chocolate. Por la tarde vendrán las clientas habituales, Graciela, a preguntar por las nuevas camisas de seda rosa; Liliana, a contarme de los nuevos logros de su hijo el Doctor; Carmen, a probarse los pantalones talle 5 después de otra semana de dieta estricta - que ni por milagro le entrarán en su enorme cadera de talle 8 -;y antes de cerrar, es posible que pase a comprar algún pañuelo o chuchería barata Pedro, el afligido marido de Normita, quien con sus 238 kilos ya no es capaz de moverse de la cama.
Todo ocurre tal cual lo previne, exceptuando la visita de Pedro, quien es reemplazado con exactitud horaria – al minuto y medio antes de cerrar - por una mujer que entra a la tienda como lo haría un caballo de carreras en la última vuelta al hipódromo. Es diminuta en su compostura física, de no más de un metro cuarenta de estatura, aunque de alguna manera que no logro descifrar bien, mi mente la distingue enorme, como si lo que viera no coincidiera con la realidad de sus gestos, atropello y desenvoltura al moverse. De inmediato y sin saludar siquiera comienza a ver las camisas, pasándolas con fuerza – demasiada para sus frágiles manos que a pesar de verlas tan delgadas se me antojan regordetas y torpes – una a una va arrastrando las perchas y perdiendo el interés al instante. Luego se da vuelta con una mímica absurda, como si llevara muchísimos paquetes en la mano y quisiera cuidarse de no chocarlos con nada, saca de su bolsillo un chocolate abierto y lo devora de un bocado, mientras se pone a revisar los pantalones con la misma ansiedad y velocidad anteriores. – ¿Buscaba algo en especial? ¿La puedo ayudar?- pregunto acercándome unos pasos. – ¡Algo que me entre! – responde sin dejar de fijar la vista en cada vestido que mueve con violencia, mientras del otro bolsillo saca una mitad de sándwich empezado, le da un mordisco y lo vuelve a guardar. –Tenemos talles más chicos ¿Qué tipo de prenda quiere? – pregunto, llegando a medio metro de su lado, aunque me aparto instintivamente a un costado, como si no fuera suficiente el espacio entre nosotras, - ¡Algo que me entre, que me pase, que me quede, que no me apriete, asfixie, exprima, comprima! ¿Entiende? – Su voz es desesperada, de un timbre chillón y quejumbroso, aunque la siento retumbar demasiado grave en mi estómago, como salida de un parlante de magnitud inigualable. – Toda nuestra ropa le va a quedar suficientemente holgada, no se preocupe, ¿quiere probarse algo en particular?- trato de sonar amable, aunque la confusión comienza a dejarse ver - ¿¡Holgada?! – grita mientras engulle un alfajor que guardaba en su manga izquierda - ¿¡Está usted ciega?! ¿Donde hay talles grandes? ¡Estos son microscópicos! – exclama con fastidio, mientras corre hacia los estantes con polleras blancas.
– Pero son los talles mas grandes que existen, ¿por qué no se los prueba? la tela sede muchísimo, no tiene que preocuparse - le digo mientras estiro un sweter para demostrarlo.
- Preocuparse – responde bajando la voz y logrando una calma repentina, a la vez que saca de su cartera un muslo de pollo cocido y comienza a masticarlo mientras murmura: – Cree que soy feliz cargando con este cuerpo, con este pecado insensato de todos ustedes, mortales desvergonzados… -
Desconcertada, creyendo no haber escuchado bien, me animo a preguntar: – Disculpe, pero usted tiene una figura privilegiada, no entiendo qué busca en esta tienda de Talles Especiales… -
Levanta la vista furiosa, clavando sus redondos y amarillos ojos en los aturdidos míos, y pronuncia con un alarido que hace retumbar las cortinas: – ¡Privilegiada para una ballena en el Ártico! - tira el resto huesudo del pollo al piso, que desaparece ante mis atónitos ojos, saca una porción de torta de crema y frutillas que guardaba inimaginablemente en el bolsillo trasero de su jean, y masticando con la boca abierta comenta mientras cruza la puerta de calle, ofendida – ¡La Vanidad! ¡Esa miserable si que no tiene de qué quejarse cuando va de compras!. Y con el mismo {ímpetu vertiginoso que apareció, desaparece del local.
Estática, con el pensamiento intentando acomodarse inútilmente a la lógica, camino hasta la puerta, pongo llave y doy maquinalmente vuelta el cartel que ahora, como cada noche, se leerá hasta la mañana siguiente “CERRADO”.
Bajar del subte a las ocho, pedir en el McDonalds un café con una sola medialuna para despertar las neuronas y endulzar las mañanas; caminar las cinco cuadras mirando las mismas vidrieras y cruzando a la misma gente que participa, sin saberlo, de mi mudo juego de intentar percibir algún cambio en sus peinados o color de vestimenta. Saludar con la mano y una sonrisa al quiosquero José, saludar con la cabeza al diariero Nacho, largar un “buenos días” a la señora de la florería que siempre devuelve un “buenas”, enmarañado en la voz del conductor de la radio AM, que suena más frita de lo que debería. Llegar hasta la esquina de la casa amarilla y mirar por la ventana, que siempre huele a torta de manzana aunque no haya luz o movimiento dentro. Pisar la baldosa rajada esquivando la floja y saltar ese agujero en la vereda cada día más lleno de basura y hormigas. Detener los pies, dar un hondo suspiro y entrar al universo de talles extra large, estampados floreados, rayados y lisos, olores a vainilla y naftalina – culpa del sahumerio que no tapa como debería los aromas no deseados – música de Enya - que cada noche continuará tarareando mi cerebro sin pedirme permiso - y una luz amarillenta, producto de unas lámparas gastadas contra unas paredes que en algún tiempo fueron de un tono azulino, pero hoy no son mas que manchas de humedad, vejez y aburrimiento.
Durante la mañana sólo entrará el chico del almacén a pedir cambio de cincuenta, algún joven desorientado a preguntar por la calle de la facultad - no la de derecho sino la privada - y quizá con algo de suerte, alguna de las mujeres calladas que gustan de ver más que de probar. Al mediodía será sándwich de pollo o atún, ensalada mixta o tarta de zapallitos, y si se nubla o llueve, algún alfajor de chocolate. Por la tarde vendrán las clientas habituales, Graciela, a preguntar por las nuevas camisas de seda rosa; Liliana, a contarme de los nuevos logros de su hijo el Doctor; Carmen, a probarse los pantalones talle 5 después de otra semana de dieta estricta - que ni por milagro le entrarán en su enorme cadera de talle 8 -;y antes de cerrar, es posible que pase a comprar algún pañuelo o chuchería barata Pedro, el afligido marido de Normita, quien con sus 238 kilos ya no es capaz de moverse de la cama.
Todo ocurre tal cual lo previne, exceptuando la visita de Pedro, quien es reemplazado con exactitud horaria – al minuto y medio antes de cerrar - por una mujer que entra a la tienda como lo haría un caballo de carreras en la última vuelta al hipódromo. Es diminuta en su compostura física, de no más de un metro cuarenta de estatura, aunque de alguna manera que no logro descifrar bien, mi mente la distingue enorme, como si lo que viera no coincidiera con la realidad de sus gestos, atropello y desenvoltura al moverse. De inmediato y sin saludar siquiera comienza a ver las camisas, pasándolas con fuerza – demasiada para sus frágiles manos que a pesar de verlas tan delgadas se me antojan regordetas y torpes – una a una va arrastrando las perchas y perdiendo el interés al instante. Luego se da vuelta con una mímica absurda, como si llevara muchísimos paquetes en la mano y quisiera cuidarse de no chocarlos con nada, saca de su bolsillo un chocolate abierto y lo devora de un bocado, mientras se pone a revisar los pantalones con la misma ansiedad y velocidad anteriores. – ¿Buscaba algo en especial? ¿La puedo ayudar?- pregunto acercándome unos pasos. – ¡Algo que me entre! – responde sin dejar de fijar la vista en cada vestido que mueve con violencia, mientras del otro bolsillo saca una mitad de sándwich empezado, le da un mordisco y lo vuelve a guardar. –Tenemos talles más chicos ¿Qué tipo de prenda quiere? – pregunto, llegando a medio metro de su lado, aunque me aparto instintivamente a un costado, como si no fuera suficiente el espacio entre nosotras, - ¡Algo que me entre, que me pase, que me quede, que no me apriete, asfixie, exprima, comprima! ¿Entiende? – Su voz es desesperada, de un timbre chillón y quejumbroso, aunque la siento retumbar demasiado grave en mi estómago, como salida de un parlante de magnitud inigualable. – Toda nuestra ropa le va a quedar suficientemente holgada, no se preocupe, ¿quiere probarse algo en particular?- trato de sonar amable, aunque la confusión comienza a dejarse ver - ¿¡Holgada?! – grita mientras engulle un alfajor que guardaba en su manga izquierda - ¿¡Está usted ciega?! ¿Donde hay talles grandes? ¡Estos son microscópicos! – exclama con fastidio, mientras corre hacia los estantes con polleras blancas.
– Pero son los talles mas grandes que existen, ¿por qué no se los prueba? la tela sede muchísimo, no tiene que preocuparse - le digo mientras estiro un sweter para demostrarlo.
- Preocuparse – responde bajando la voz y logrando una calma repentina, a la vez que saca de su cartera un muslo de pollo cocido y comienza a masticarlo mientras murmura: – Cree que soy feliz cargando con este cuerpo, con este pecado insensato de todos ustedes, mortales desvergonzados… -
Desconcertada, creyendo no haber escuchado bien, me animo a preguntar: – Disculpe, pero usted tiene una figura privilegiada, no entiendo qué busca en esta tienda de Talles Especiales… -
Levanta la vista furiosa, clavando sus redondos y amarillos ojos en los aturdidos míos, y pronuncia con un alarido que hace retumbar las cortinas: – ¡Privilegiada para una ballena en el Ártico! - tira el resto huesudo del pollo al piso, que desaparece ante mis atónitos ojos, saca una porción de torta de crema y frutillas que guardaba inimaginablemente en el bolsillo trasero de su jean, y masticando con la boca abierta comenta mientras cruza la puerta de calle, ofendida – ¡La Vanidad! ¡Esa miserable si que no tiene de qué quejarse cuando va de compras!. Y con el mismo {ímpetu vertiginoso que apareció, desaparece del local.
Estática, con el pensamiento intentando acomodarse inútilmente a la lógica, camino hasta la puerta, pongo llave y doy maquinalmente vuelta el cartel que ahora, como cada noche, se leerá hasta la mañana siguiente “CERRADO”.
Anoche tragué un pedazo de invierno.
Mi boca, acostumbrada a dormir abierta, ni se dio por enterada; pero ni bien desperté supe lo sucedido.
Primero intenté toserlo, pero por más empeño que le puse al asunto lo único que logré fue dolor en el pecho.
Después lo estornudé por todos lados, en atchuses prolongados y chillones y algunos tímidos y reprimidos apretandome la nariz. Sin embargo seguía dentro, podía sentirlo cada vez más a gusto en un rincón perdido del cuerpo.
Por la tarde contrarresté abrigándolo para sofocarlo, derretirlo, evaporarlo... pero el sudor febril no hizo más que producirme alucinaciones de ruegos para que se fuera.
Vencida de frustración y agotamiento, lo lloré durante una hora seguida, y creo que eso le dio mas fuerza, ya que lo sentí crecer unos centímetros.
Con la caída del sol, finalmente me di por vencida. Aunque de a ratos intento una tos, un estornudo o unas lágrimas sueltas para ver si lo agarro desprevenido y se cae hacia afuera, pero ya es más por juego que por fe en el resultado.
La desesperación inicial se desvaneció hace un rato, con las primeras luces del día, cuando entendí que la única solución va a ser acostumbrarme a su presencia; pero eso si, ensayando lo que resta de invierno a aspirar bien fuerte con la boca abierta, para cuando llegue la primavera.
Mi boca, acostumbrada a dormir abierta, ni se dio por enterada; pero ni bien desperté supe lo sucedido.
Primero intenté toserlo, pero por más empeño que le puse al asunto lo único que logré fue dolor en el pecho.
Después lo estornudé por todos lados, en atchuses prolongados y chillones y algunos tímidos y reprimidos apretandome la nariz. Sin embargo seguía dentro, podía sentirlo cada vez más a gusto en un rincón perdido del cuerpo.
Por la tarde contrarresté abrigándolo para sofocarlo, derretirlo, evaporarlo... pero el sudor febril no hizo más que producirme alucinaciones de ruegos para que se fuera.
Vencida de frustración y agotamiento, lo lloré durante una hora seguida, y creo que eso le dio mas fuerza, ya que lo sentí crecer unos centímetros.
Con la caída del sol, finalmente me di por vencida. Aunque de a ratos intento una tos, un estornudo o unas lágrimas sueltas para ver si lo agarro desprevenido y se cae hacia afuera, pero ya es más por juego que por fe en el resultado.
La desesperación inicial se desvaneció hace un rato, con las primeras luces del día, cuando entendí que la única solución va a ser acostumbrarme a su presencia; pero eso si, ensayando lo que resta de invierno a aspirar bien fuerte con la boca abierta, para cuando llegue la primavera.
Ser bala, munición, recarga...
Dormida, opaca, sin sueños. Espero sin saber lo que es la espera, rozando metálicos compañeros, cuerpos inertes, vencidos, sin mente.
Furiosa, violenta, indecente. Penetro en el cuerpo de ella, mensajera letal que pocos aman y todos temen. Ansiosa, demente, contagiada de fiebre, de intenciones rebeldes.
Veloz, libre, perenne. Ante un cielo inflamable de segundos muertos. En un atisbo de susurro dañino en el tiempo. Suspiros sordos. Libertad inmune. Fugaz desvelo.
Espesa, liviana, hiriente. Mullida en un arrullo latente. Viciada de terror estancado, cuajado, perplejo, obligado, compartido, carente. Dejo de sentir lo que otros sienten, abandono mi sustancia y mi vientre, entregándome al soñar de los que no vuelven.
Dormida, opaca, sin sueños. Espero sin saber lo que es la espera, rozando metálicos compañeros, cuerpos inertes, vencidos, sin mente.
Furiosa, violenta, indecente. Penetro en el cuerpo de ella, mensajera letal que pocos aman y todos temen. Ansiosa, demente, contagiada de fiebre, de intenciones rebeldes.
Veloz, libre, perenne. Ante un cielo inflamable de segundos muertos. En un atisbo de susurro dañino en el tiempo. Suspiros sordos. Libertad inmune. Fugaz desvelo.
Espesa, liviana, hiriente. Mullida en un arrullo latente. Viciada de terror estancado, cuajado, perplejo, obligado, compartido, carente. Dejo de sentir lo que otros sienten, abandono mi sustancia y mi vientre, entregándome al soñar de los que no vuelven.
diciembre 10, 2005
"Profundicemos suspiros hasta ahogarnos del sentir, hasta arremolinarnos sin tiempo, hasta quizá morir.
¿Acaso no vale la pena por un instante de paz, amortizarnos las penas en un intenso mirar?"
¿Acaso no vale la pena por un instante de paz, amortizarnos las penas en un intenso mirar?"
Sin querer
Y llegué en un esqueleto de verdades
para contarte las mentiras más maravillosas.
Y te envolví con un paño de felpa,
para suavizar tus dolores;
y lo enrosqué,
y lo ajusté...
y estabas tan confortable
que no advertí cuando dejaste de respirar.
Y llegué en un esqueleto de verdades
para contarte las mentiras más maravillosas.
Y te envolví con un paño de felpa,
para suavizar tus dolores;
y lo enrosqué,
y lo ajusté...
y estabas tan confortable
que no advertí cuando dejaste de respirar.
Soñándote muy despacio
como en un júbilo eterno
que no consume lo etéreo
más bien lo deja flotar.
Mintiéndote desde el aire
para despeinar tu vuelo
y hacerlo algo más ameno
condimentado sin sal
como en un júbilo eterno
que no consume lo etéreo
más bien lo deja flotar.
Mintiéndote desde el aire
para despeinar tu vuelo
y hacerlo algo más ameno
condimentado sin sal
ESO
Eso que tanto me aturde, que me pincha, me tropieza, me embelesa sin aviso, se entromete sin permiso, me destornilla el piso y se cambia de lugar.
Lo mismo que me remonta, que me envuelve de frescura, me alimenta, me envenena, me ensordece, me doblega; que me obliga a suplicar.
Eso que no controlo, que lo ignoro y se enardece, que lo mato pero crece; que me colma sin piedad.
Eso que hoy me carcome, me arrasa, me cachetea, me empuja, hasta me marea y me vuelve a acomodar.
Eso que ya tiene nombre, aunque no lo reconozca, aunque lo diga en voz baja, aunque lo susurre al oído, aunque ahora que lo pruebo sólo pueda pedir más.
Eso que tanto me aturde, que me pincha, me tropieza, me embelesa sin aviso, se entromete sin permiso, me destornilla el piso y se cambia de lugar.
Lo mismo que me remonta, que me envuelve de frescura, me alimenta, me envenena, me ensordece, me doblega; que me obliga a suplicar.
Eso que no controlo, que lo ignoro y se enardece, que lo mato pero crece; que me colma sin piedad.
Eso que hoy me carcome, me arrasa, me cachetea, me empuja, hasta me marea y me vuelve a acomodar.
Eso que ya tiene nombre, aunque no lo reconozca, aunque lo diga en voz baja, aunque lo susurre al oído, aunque ahora que lo pruebo sólo pueda pedir más.
SANDMAN
Fue raro... abrir los ojos a la par de una puerta cerrándose. Y así, con el último sueño todavía pegado a las pestañas - en el que paradójicamente estabas vos, caminando en una arena soleada con olor a mar - descubrir tu ausencia bajo mi abrazo y comprender que esos pasos cercanos que amortiguaban silencio, eran menos tuyos que los otros, que se alejaban en busca de un ascensor.
El salto fuera de la cama no sirvió de mucho, porque entre tanta ropa desmayada ninguna remera se hizo presente, y mis ganas de correr a regalarte un ultimo abrazo fueron matadas por la desnudez impúdica, poco apta para pasillos con vecinos.
Ante la frustración cansada, una camisa que seguramente no se dejó ver antes más por picardía que por maldad, asomó su manga y se dejó vestir. Llegué a la ventana confiando en que el tiempo pasaba igual que un caracol sin apuro - cálculos inútiles para una mente con algún retazo de sueño todavía enganchado.
Me encontré con tu diminuta figura ya cruzando la calle y te observé hasta perderte de vista.
Caminabas, silenciosamente para mis ojos tras el vidrio, como hacía un rato para mis ojos cerrados; bajo un cielo también soleado, sin olor a océano pero con la fragancia que trae el recuerdo de una caricia oportuna en una noche tierna, de viento sobre las sabanas y sueños algo despiertos.
Quizá fue mucho más raro... horas posteriores, ya sentada en el subte, sumida en esa interna mudez tan ruidosa para el resto que provoca la música pegada a los oídos, abrir el tan esperado cómic y leer la frase: "Es un sueño decís, No es un sueño responden".
Fue raro... abrir los ojos a la par de una puerta cerrándose. Y así, con el último sueño todavía pegado a las pestañas - en el que paradójicamente estabas vos, caminando en una arena soleada con olor a mar - descubrir tu ausencia bajo mi abrazo y comprender que esos pasos cercanos que amortiguaban silencio, eran menos tuyos que los otros, que se alejaban en busca de un ascensor.
El salto fuera de la cama no sirvió de mucho, porque entre tanta ropa desmayada ninguna remera se hizo presente, y mis ganas de correr a regalarte un ultimo abrazo fueron matadas por la desnudez impúdica, poco apta para pasillos con vecinos.
Ante la frustración cansada, una camisa que seguramente no se dejó ver antes más por picardía que por maldad, asomó su manga y se dejó vestir. Llegué a la ventana confiando en que el tiempo pasaba igual que un caracol sin apuro - cálculos inútiles para una mente con algún retazo de sueño todavía enganchado.
Me encontré con tu diminuta figura ya cruzando la calle y te observé hasta perderte de vista.
Caminabas, silenciosamente para mis ojos tras el vidrio, como hacía un rato para mis ojos cerrados; bajo un cielo también soleado, sin olor a océano pero con la fragancia que trae el recuerdo de una caricia oportuna en una noche tierna, de viento sobre las sabanas y sueños algo despiertos.
Quizá fue mucho más raro... horas posteriores, ya sentada en el subte, sumida en esa interna mudez tan ruidosa para el resto que provoca la música pegada a los oídos, abrir el tan esperado cómic y leer la frase: "Es un sueño decís, No es un sueño responden".
Eco
Mientras mi alma despega, proyecta, juega y se eleva; la tuya se inquieta.
En mi rostro el tiempo se expande, caminos se abren, el mundo se entrega. En el tuyo sin querer, todo se congela. Tus ojos cuestionan antes lo que tu lógica veda.
¿Como emprenderíamos el mismo destino con ilusiones opuestas, soñando aventuras adversas?
Es que si me dejaras amor, acompañarte hasta el fin del mundo sería mi mayor quimera.
Aunque el fin del mundo sólo fuera un hogar, un sillón, tus brazos y este cielo. Entonces te mostraría que es posible flotar sobre la tierra, y sería sólo el principio de nuestra expedición, y apenas el comienzo del vuelo.
Mientras mi alma despega, proyecta, juega y se eleva; la tuya se inquieta.
En mi rostro el tiempo se expande, caminos se abren, el mundo se entrega. En el tuyo sin querer, todo se congela. Tus ojos cuestionan antes lo que tu lógica veda.
¿Como emprenderíamos el mismo destino con ilusiones opuestas, soñando aventuras adversas?
Es que si me dejaras amor, acompañarte hasta el fin del mundo sería mi mayor quimera.
Aunque el fin del mundo sólo fuera un hogar, un sillón, tus brazos y este cielo. Entonces te mostraría que es posible flotar sobre la tierra, y sería sólo el principio de nuestra expedición, y apenas el comienzo del vuelo.
nitantu nitanmi
Estando así,
tan quedo de mi
tan vicio de ti
templando vidas para vibrar mundos,
puliendo realidades para brillar sueños.
Estando aquí,
tan falto de mi
tan sombra de ti
suavizando gritos para lograr gemidos,
desafiando intentos para merecer aplausos.
Estando allí,
tan lleno de mi
tan vano de ti
ni tu ni yo seremos dos
ni yo ni tu seremos uno.
Estando así,
tan quedo de mi
tan vicio de ti
templando vidas para vibrar mundos,
puliendo realidades para brillar sueños.
Estando aquí,
tan falto de mi
tan sombra de ti
suavizando gritos para lograr gemidos,
desafiando intentos para merecer aplausos.
Estando allí,
tan lleno de mi
tan vano de ti
ni tu ni yo seremos dos
ni yo ni tu seremos uno.
pequeño pasar de un día agitado
¿Qué mas podía hacer que aferrar en un puño el corazón y obligarse silenciosamente a respirar? ¿Sería consciente del filo de sus palabras?¿notaria el desgarro del alma, a pesar de su inútil esfuerzo por permanecer entera? ¿Que justicia se tomaría en cuenta en este delito tan dulcemente cruel, tan destructivamente comprensible? ¿Acaso llegaría a soportar su mirada hasta el acabar de su letal monólogo?
Y entonces lo advirtió - sumida como estaba en su temblor interno - divisó con claridad los trozos cayendo uno a uno en el vació de su pecho. Pudo escuchar el eco que dejaban a su paso, junto al estruendoso golpe de una puerta al cerrarse; la misma puerta de posibilidades que apenas horas atrás, colmaba de aire fresco su renovado universo.
El obvio impulso de echar a correr la hizo imaginar haciéndolo, pero en círculos enfermizos que solo enardecían su agonía. Aguantó; perpleja ante sus palabras inútiles todo lo que le fue posible.
Pero cuando el nudo se desató en su garganta, y el deseo de gritar furiosamente se tornó real: sus ojos - los de él - vomitaron piadosas lágrimas de inconmensurable tristeza.
Fue en ese momento que entendió que la frustración era mutua, solo que él, sabia mentir mejor que ambos...
(escrito el 22/5/2002)
¿Qué mas podía hacer que aferrar en un puño el corazón y obligarse silenciosamente a respirar? ¿Sería consciente del filo de sus palabras?¿notaria el desgarro del alma, a pesar de su inútil esfuerzo por permanecer entera? ¿Que justicia se tomaría en cuenta en este delito tan dulcemente cruel, tan destructivamente comprensible? ¿Acaso llegaría a soportar su mirada hasta el acabar de su letal monólogo?
Y entonces lo advirtió - sumida como estaba en su temblor interno - divisó con claridad los trozos cayendo uno a uno en el vació de su pecho. Pudo escuchar el eco que dejaban a su paso, junto al estruendoso golpe de una puerta al cerrarse; la misma puerta de posibilidades que apenas horas atrás, colmaba de aire fresco su renovado universo.
El obvio impulso de echar a correr la hizo imaginar haciéndolo, pero en círculos enfermizos que solo enardecían su agonía. Aguantó; perpleja ante sus palabras inútiles todo lo que le fue posible.
Pero cuando el nudo se desató en su garganta, y el deseo de gritar furiosamente se tornó real: sus ojos - los de él - vomitaron piadosas lágrimas de inconmensurable tristeza.
Fue en ese momento que entendió que la frustración era mutua, solo que él, sabia mentir mejor que ambos...
(escrito el 22/5/2002)
Conformes
Para unos ojos oxidados,
una escupida de lágrimas
Para unos labios comedidos,
este beso de soslayo
A perezosas caricias,
piel cubierta con espinas
A los oír huecos,
mil silencios con acústica
Por suspiros con desgano,
hielo seco de latidos,
Por respiros de fastidio,
un reflejo de lamento
A tu mentira de vida
un bostezo y luego un “si,
también te quiero”.
Para unos ojos oxidados,
una escupida de lágrimas
Para unos labios comedidos,
este beso de soslayo
A perezosas caricias,
piel cubierta con espinas
A los oír huecos,
mil silencios con acústica
Por suspiros con desgano,
hielo seco de latidos,
Por respiros de fastidio,
un reflejo de lamento
A tu mentira de vida
un bostezo y luego un “si,
también te quiero”.
Dance floor
Uno a uno los temas iban trayendote a mi mente, a mi capricho, a mi piel... ojalá pudieramos rehacer espacios que no fueran más que eso, sin involucrar las almas, sin entorpecer recuerdos ni prolongar olvidos....
ojalá.
(Domingo, 12 de Junio del 2005, 6:46 AM)
Uno a uno los temas iban trayendote a mi mente, a mi capricho, a mi piel... ojalá pudieramos rehacer espacios que no fueran más que eso, sin involucrar las almas, sin entorpecer recuerdos ni prolongar olvidos....
ojalá.
(Domingo, 12 de Junio del 2005, 6:46 AM)
Arrebatadores los emblemas de tu piel, que intoxican mis sentidos obligándolos a ser, lo que se habían prohibido, lo que no recuerdan bien, lo que añoran con locura, más no saben retener
Inocentes criminales
Jugábamos a torturarnos con pequeños detalles incoloros; picaduras de abejas le decíamos con simpatía. Un poco para pasar el tiempo, un poco para burlarnos de nosotros mismos. Sin quererlo fuimos filtrando reproches; algunas verdades calladas, varias mentiras inútiles. Un poco para romper lo monótono, un poco para sazonarlo de falsa malicia. Ante esto reaccionamos de modo diferente; a veces callábamos de golpe, otras llorábamos hacia adentro; aunque ninguno cambió las reglas, ni se atrevió a reemplazar el juego. Un poco porque no era tan importante, un poco por ser lo único que nos iba quedando. Y así un día los detalles se tiñeron de negro, las abejas mutaron a enjambre, los silencios fueron recurrentes, las lagrimas cotidianas. Sin embargo ninguno gritó en voz alta, ni abrió las heridas ante el otro, ni se alejó para siempre. Un poco porque ya no quedaba nada que salvar, un poco porque jugar, siempre es divertirse.
Jugábamos a torturarnos con pequeños detalles incoloros; picaduras de abejas le decíamos con simpatía. Un poco para pasar el tiempo, un poco para burlarnos de nosotros mismos. Sin quererlo fuimos filtrando reproches; algunas verdades calladas, varias mentiras inútiles. Un poco para romper lo monótono, un poco para sazonarlo de falsa malicia. Ante esto reaccionamos de modo diferente; a veces callábamos de golpe, otras llorábamos hacia adentro; aunque ninguno cambió las reglas, ni se atrevió a reemplazar el juego. Un poco porque no era tan importante, un poco por ser lo único que nos iba quedando. Y así un día los detalles se tiñeron de negro, las abejas mutaron a enjambre, los silencios fueron recurrentes, las lagrimas cotidianas. Sin embargo ninguno gritó en voz alta, ni abrió las heridas ante el otro, ni se alejó para siempre. Un poco porque ya no quedaba nada que salvar, un poco porque jugar, siempre es divertirse.
Lo que lastima no es tu mirar indiferente, ni tu despreocupado hablar, ni tu perplejidad ante mis lágrimas.
Lo que mata es tu inconciencia.
Lo que mata es tu inconciencia.
31/05/1999
No me busques tras la niebla de tus ojos
que dejaron en el tiempo las respuestas,
no confundas mi universo en tus memorias
ni arrincones tu belleza en el desierto
Ya que el día se nos muestra sin tabúes,
ya que Dios se ha convertido en lo que somos
Y el pensarnos prisioneros de esta historia,
es matar a nuestra esencia de impostores.
¡Y que vengan las tormentas y rencores!
¡Y que lluevan de tu alma las visiones!
Porque el mundo ya ha sellado nuestro encuentro,
y el destino no se encarga de ilusiones.
No me busques tras la niebla de tus ojos
que dejaron en el tiempo las respuestas,
no confundas mi universo en tus memorias
ni arrincones tu belleza en el desierto
Ya que el día se nos muestra sin tabúes,
ya que Dios se ha convertido en lo que somos
Y el pensarnos prisioneros de esta historia,
es matar a nuestra esencia de impostores.
¡Y que vengan las tormentas y rencores!
¡Y que lluevan de tu alma las visiones!
Porque el mundo ya ha sellado nuestro encuentro,
y el destino no se encarga de ilusiones.
DEL DELIRIO...

Particular emblema aquel que delata los errores de los héroes, convocando a los idiotas a creer en obsoletas oraciones divinas; sin embargo nada amarga más a un loco que un poeta sin vino, rogando ser elegido de una leyenda viciada de ineptitudes robadas. Vulgaridades, puede que haya en demasía, cuando todo lo que se toca se vuelve reacio a tomar compostura, sumido en una conjunción del todo adversa al oponente que se pretende, en un lúdico aspirar de requisitos amorfos. ¿Acaso no se comprende semejante alegoría merecedora de un día sin estornudos ni ocasos? ¡Pucha! debe ser este faso, que aleja mis elocuencias transformando las carencias en vástagos de pureza. Ya lo dijo el tío Sancho, y ha de tener la razón. Lo quiera que signifique, porque lo que es yo, lo aprendí de memoria anoche de tanto prestar oreja, tras la puerta de la reja de la pieza de una mesa, con zozobra de aquella, vaya a saber de dónde.
Versátil como pocos se contuvo de olvidar para entregarse a una espera que pronto acabó de empezar; viviendo de una manera, tan tonta como moderna, tan pulcra como devenga, unos y otros los demás.
Mequetrefe
A sus pies quizá encuentre una razón sin corazón, pero si de zapatos se trata, entonces busque por debajo de los cantos de los sapos; que si son bellos no sé decirle con noción, pero que los hay de colores brillantes como lentejas... ¿o son moralejas esas? más bien me suena a gorrión. Será por la serenata de encuentros desmejorados, que trae de los más raros, bocados exagerados; lo que no asegura nada, sólo devuelve la incongruencia de que por este lateral, la marea crece como piloto sin freno. Y ante todo me temo que debería callar, ya que en silencios nocturnos mas vale pájaros diurnos, que cientos de insectos volando por azar. ¡Pero que me pesquen sin abrigo, si denoto más de lo que digo! mientras caigo en la inconsciencia de esta mísera presencia, que va perdiendo la esencia en la mezcla sin bozal.
A sus pies quizá encuentre una razón sin corazón, pero si de zapatos se trata, entonces busque por debajo de los cantos de los sapos; que si son bellos no sé decirle con noción, pero que los hay de colores brillantes como lentejas... ¿o son moralejas esas? más bien me suena a gorrión. Será por la serenata de encuentros desmejorados, que trae de los más raros, bocados exagerados; lo que no asegura nada, sólo devuelve la incongruencia de que por este lateral, la marea crece como piloto sin freno. Y ante todo me temo que debería callar, ya que en silencios nocturnos mas vale pájaros diurnos, que cientos de insectos volando por azar. ¡Pero que me pesquen sin abrigo, si denoto más de lo que digo! mientras caigo en la inconsciencia de esta mísera presencia, que va perdiendo la esencia en la mezcla sin bozal.
En el lugar aquel donde nadie se encuentra ahora, se aproximaba cualquiera pendiente del encuentro con alguien. A su vez y de dos en dos fueron llegando varios, que sin quererlo ni desearlo, llenaron el lugar de muchos. Poco rato después, en el mismo lugar de entonces, uno esperaba al otro sin reconocerlo entre los demás. Finalmente ninguno logró dar con aquel, y bastante desilusionados ambos, decidieron irse a algún otro lado donde posiblemente, tampoco los esperase nadie.
DE LA AUSENCIA...

Descubrir a través de tus ojos
los mismos que antaño morían en los míos
tan deliciosamente hoy perdidos en otros;
el sabor que deja la ausencia,
el vacío que produce el olvido.
Y a pesar de unos labios que ya no desviven la misma boca,
sin tacto para unas manos distintas de piel y hueso,
mi corazón hace eco frente al vacío de un grito,
al escuchar las palabras,
meras copias quizá,
de las que alguna vez arrullaron mis sueños.
Polillas de la idiotez dejan huecos enormes sin detenerse a ver, que no hay enmienda probable ni costura razonable, cuando se trata de un alguien que ya se fue.
Algo así
Acá estoy,
en este sitio donde todo se contamina con vos,
donde abrir los ojos
es chocar las pestañas contra tu mundo.
¿De qué sirve saberte tan de memoria
cuando vos apenas si querés espiarte?
¿De que vale sentir tan agudo
si ni siquiera te asomas a observarme?
ahora que estoy acá
tan vacía de otras voces,
tan desnuda de nieblas y falsas tempestades,
tan mí sin vos.
Tan mí que duele a la vista.
Acaso no quede más que abandonar
esa silueta delineada de palabra,
esas promesas dichas en voz baja,
esa constante sonrisa sin felicidad.
Sin hacer caso a la humedad que se amontone en mis ojos,
ni a cuanto se derramen mis huesos.
Porque acá donde estoy,
sobran remolinos dispuestos a despeinar,
sobran olas que salar y nubes para transformar.
Aca donde estoy,
hay más por ver sin tu opacidad que sufrir con tu brillo.
Y el camino después de todo
puede que resulte sencillo
un paso, el otro,
un salto y volar…
(escrito el 30/12/2004)
Acá estoy,
en este sitio donde todo se contamina con vos,
donde abrir los ojos
es chocar las pestañas contra tu mundo.
¿De qué sirve saberte tan de memoria
cuando vos apenas si querés espiarte?
¿De que vale sentir tan agudo
si ni siquiera te asomas a observarme?
ahora que estoy acá
tan vacía de otras voces,
tan desnuda de nieblas y falsas tempestades,
tan mí sin vos.
Tan mí que duele a la vista.
Acaso no quede más que abandonar
esa silueta delineada de palabra,
esas promesas dichas en voz baja,
esa constante sonrisa sin felicidad.
Sin hacer caso a la humedad que se amontone en mis ojos,
ni a cuanto se derramen mis huesos.
Porque acá donde estoy,
sobran remolinos dispuestos a despeinar,
sobran olas que salar y nubes para transformar.
Aca donde estoy,
hay más por ver sin tu opacidad que sufrir con tu brillo.
Y el camino después de todo
puede que resulte sencillo
un paso, el otro,
un salto y volar…
(escrito el 30/12/2004)
Despojados de unos besos que entibiaban almas, arrancados del sabor de saberse imprescindibles, este amargo desarraigo que rechaza todo acercamiento, aunque de sinceridad se trate y de confusión se nublen los ojos
¿Acaso mi corazón te amó más que mi juicio y es él quien reclama a gritos por tu ausencia? Acaso nada duela mas profundo que el olvido, o el vacío de los sueños no me baste para vida.
¿Acaso mi corazón te amó más que mi juicio y es él quien reclama a gritos por tu ausencia? Acaso nada duela mas profundo que el olvido, o el vacío de los sueños no me baste para vida.
Incógnita
Mientras tanto no dejo de pensarte, de soñarte,
de imaginarte haciendo tal y cual cosa,
de imaginarme corriendo a vos para contarte cualquier pequeñez desmedida,
como el color que descubrí hoy en la pelusa de mi ombligo o lo bien que huelen las tardes al sol.
Mientras tanto no dejo de sufrirte,
en el ahora, en el ayer,
en el tiempo que se fue y puja descaradamente por regresar sin haber sido invitado,
quizá en secreto y de una manera muy tímida apenas anhelado.
Mientras tanto mi vida se desarma,
de a poco, de a mucho, de veras.
Descarada y atolondradamente, como si lo construido no valiera ni un pensamiento en frío,
ni una emoción en caliente, ni un malestar tibio.
¿Y qué queda en ese espacio entre el mientras y el tanto?
Casi nada,
sólo este gran y aturdido todo.
Mientras tanto no dejo de pensarte, de soñarte,
de imaginarte haciendo tal y cual cosa,
de imaginarme corriendo a vos para contarte cualquier pequeñez desmedida,
como el color que descubrí hoy en la pelusa de mi ombligo o lo bien que huelen las tardes al sol.
Mientras tanto no dejo de sufrirte,
en el ahora, en el ayer,
en el tiempo que se fue y puja descaradamente por regresar sin haber sido invitado,
quizá en secreto y de una manera muy tímida apenas anhelado.
Mientras tanto mi vida se desarma,
de a poco, de a mucho, de veras.
Descarada y atolondradamente, como si lo construido no valiera ni un pensamiento en frío,
ni una emoción en caliente, ni un malestar tibio.
¿Y qué queda en ese espacio entre el mientras y el tanto?
Casi nada,
sólo este gran y aturdido todo.
A ver si te dejo libre en algún descuido de mi querer, y disfruto lo que me diste, lo que obtuviste y lo que no fue.
Si te abrazo o te suspiro,
si te quemo con mi hastío,
si te vuelco, si te envuelvo,
si te mato sin piedad
Puede que un día vuelvas
a refugiarte en mis ojos,
o me ignores desde el cielo,
o devores mi entidad.
si te quemo con mi hastío,
si te vuelco, si te envuelvo,
si te mato sin piedad
Puede que un día vuelvas
a refugiarte en mis ojos,
o me ignores desde el cielo,
o devores mi entidad.
Es muy raro darse cuenta así de golpe y porrazo, cuanto mundo encierra una persona; cuanto de uno mismo que se lleva con el suyo y cuanto mundo propio queda aquí a medio construir.
Existir
Me fui borrando de a poco,
como sin querer pero queriendo
De tus ámbitos, tus amigos;
incluso de eso conocido que era menos tuyo y más mío.
Fui deshaciendo lo que te emparejaba,
como cura mas que remedio
Barrí las sombras, sacudí tus huellas;
incluso eliminé tus micro partículas escondidas en mis sueños,
que dejaste situadas por ego, y no por derecho.
Volví a dibujarme de a poco,
como sin querer pero a propósito
En mis ámbitos, mis amigos;
incluso en eso desconocido que se me antojaba sólo mío.
Fui emparejándome conmigo,
no como parche sino por hastío
Cocí mi sombra, perpetué mis huellas;
incluso reencontré las partículas que generaban mis sueños,
que olvidé por congoja, y no por deseo.
Una noche esfumé tu rostro
Un día perdí tu nombre
El domingo más melancólico,
lloré por lo que no fue sin figurarte en el centro.
Ayer encontré una foto,
tenía tus ojos, tu risa, tus miedos
Hablaba con tu timbre de voz y roncaba tus mismos sueños.
Pero yo no supe quien eras;
le resté importancia y la tiré en el cesto.
Hoy me desperté carente,
desayuné, caminé y viví como siempre…
pero no dejo de sentir que me falto,
que algo no soy, que ya no me sirvo;
que sin recuerdos me cuesta existir
y que me borro cada vez que respiro.
Me fui borrando de a poco,
como sin querer pero queriendo
De tus ámbitos, tus amigos;
incluso de eso conocido que era menos tuyo y más mío.
Fui deshaciendo lo que te emparejaba,
como cura mas que remedio
Barrí las sombras, sacudí tus huellas;
incluso eliminé tus micro partículas escondidas en mis sueños,
que dejaste situadas por ego, y no por derecho.
Volví a dibujarme de a poco,
como sin querer pero a propósito
En mis ámbitos, mis amigos;
incluso en eso desconocido que se me antojaba sólo mío.
Fui emparejándome conmigo,
no como parche sino por hastío
Cocí mi sombra, perpetué mis huellas;
incluso reencontré las partículas que generaban mis sueños,
que olvidé por congoja, y no por deseo.
Una noche esfumé tu rostro
Un día perdí tu nombre
El domingo más melancólico,
lloré por lo que no fue sin figurarte en el centro.
Ayer encontré una foto,
tenía tus ojos, tu risa, tus miedos
Hablaba con tu timbre de voz y roncaba tus mismos sueños.
Pero yo no supe quien eras;
le resté importancia y la tiré en el cesto.
Hoy me desperté carente,
desayuné, caminé y viví como siempre…
pero no dejo de sentir que me falto,
que algo no soy, que ya no me sirvo;
que sin recuerdos me cuesta existir
y que me borro cada vez que respiro.
Casi, no es
Era perfecto.
Después de tantos años de recuerdos, de soñarnos, de buscarnos y necesitarnos para sentirnos completos. Ahí estábamos.
Con un amor más grande que nosotros mismos, con una intensidad y conexión que creíamos haber perdido.
Y qué importaba que la vida nos hubiera llevado hacia caminos opuestos, o nos hubiera enseñado a crecer con lecciones paralelas.
Por primera vez en esta historia, un porvenir de designio ideal se intuía. Y ahí me tenías.
Desafiando cualquier adversidad con la mejor sonrisa. Animándome a amarte hasta el final a pesar de vos mismo.
Era perfecto.
Lo que añorabas, lo que deseaste encontrar durante tanto tiempo; se hacía posible y lo alcanzabas a un abrazo, una mano, un suspiro de distancia. Y la respuesta al otro lado era sincera, feliz, duradera.
Estaba dispuesta a darte un corazón, un mundo, una vida plena.
Era perfecto.
Sólo faltaron vos, tu honestidad y tu entrega.
Era perfecto.
Después de tantos años de recuerdos, de soñarnos, de buscarnos y necesitarnos para sentirnos completos. Ahí estábamos.
Con un amor más grande que nosotros mismos, con una intensidad y conexión que creíamos haber perdido.
Y qué importaba que la vida nos hubiera llevado hacia caminos opuestos, o nos hubiera enseñado a crecer con lecciones paralelas.
Por primera vez en esta historia, un porvenir de designio ideal se intuía. Y ahí me tenías.
Desafiando cualquier adversidad con la mejor sonrisa. Animándome a amarte hasta el final a pesar de vos mismo.
Era perfecto.
Lo que añorabas, lo que deseaste encontrar durante tanto tiempo; se hacía posible y lo alcanzabas a un abrazo, una mano, un suspiro de distancia. Y la respuesta al otro lado era sincera, feliz, duradera.
Estaba dispuesta a darte un corazón, un mundo, una vida plena.
Era perfecto.
Sólo faltaron vos, tu honestidad y tu entrega.
Promesa
Cuando los latidos acaben y ya no resuene su eco; mientras mis ojos descansen del sabor del llanto; voy a respirar de nuevo y el aire será suficiente...
Cuando los latidos acaben y ya no resuene su eco; mientras mis ojos descansen del sabor del llanto; voy a respirar de nuevo y el aire será suficiente...
Momentáneamente puedo despabilarme pero no aseguro que solucione nada.
Momentáneamente opto en volver a mi ensueño, para morir allí sin saberlo.
Momentáneamente opto en volver a mi ensueño, para morir allí sin saberlo.
Desnudez
Ya no miento,
ya no oculto,
ya me muestro;
pero sólo a este momento,
al sonido de los ecos.
Ya me duermo,
ya me hundo,
ya me entierro.
Ya no miento,
ya no oculto,
ya me muestro;
pero sólo a este momento,
al sonido de los ecos.
Ya me duermo,
ya me hundo,
ya me entierro.
Payada
Mienten quizá mis ojos,
al humedecerse con tal despecho;
o es así su derecho
por haber sufrido tanto,
que como remedio, el llanto
es su único consuelo
Mienten quizá mis ojos,
al humedecerse con tal despecho;
o es así su derecho
por haber sufrido tanto,
que como remedio, el llanto
es su único consuelo
Imperceptible
Hoy quizá no importe el viento,
ni las horas,
ni tu alma,
ni mi cuerpo.
Hoy puede que no haya cielo,
sin embargo,
el espacio que me envuelve es tan pequeño...
Hoy quizá no importe el viento,
ni las horas,
ni tu alma,
ni mi cuerpo.
Hoy puede que no haya cielo,
sin embargo,
el espacio que me envuelve es tan pequeño...
Algo asi
Aquí hoy, felicidad, plenitud
estupidez amarga, opacidad sin piel
Así porque si, con la insolencia de los imprevistos
y la idiotez de los inocentes
El sinsabor, el no se qué...
Así porque si, acomodado en el eco del ayer
restando carcajadas de un ahora sin plenitud ni lucidez
Mastico, trago, silbo y espío
una salida y un otra vez.
Aquí hoy, felicidad, plenitud
estupidez amarga, opacidad sin piel
Así porque si, con la insolencia de los imprevistos
y la idiotez de los inocentes
El sinsabor, el no se qué...
Así porque si, acomodado en el eco del ayer
restando carcajadas de un ahora sin plenitud ni lucidez
Mastico, trago, silbo y espío
una salida y un otra vez.
